martes, 21 de junio de 2011

3. Enamorado al despertar

3. Su primer recuerdo.

Renato Prilidíano era un joven austero, sencillo, amante de la música y la literatura. Su vida gira en torno a una guitarra heredada de su abuelo, quien lo crió y le enseñó los secretos de la vida. Todas las noches mira hacia el cielo y le dedica unos de sus poemas, así se siente bendecido.

Esta madrugada no había comenzado como era de costumbre, aquel sueño dominó sus pensamientos por interminables horas, andubo sonámbulo alrededor de su habitación, intentó volver a dormir de varias formas pero siempre fracasaba y terminaba sentado en su cama mirando sus viejas zapatillas de gastados cordones. Continuaba tratando de recordar algo de aquel sueño tan especial, se sentía feliz por un lado, pues su corazón latía con mucha fuerza, pero por otro estaba triste e inseguro. De todas maneras había sido un sueño muy grato, estiró sus piernas y las comenzó a mover.


Tomó una bolsa de tela, del cajón de un viejo velador, dentro de ella guardaba los poemas que escribía en sus noches solitarias, mientras pensaba en sus seres queridos, mirando las estrellas y tocando la guitarra, la que ahora colgaba de su espalda. Se despidió de la puerta de su hogar y caminó por las calles llenas de árboles y flores del pacifico San Gregorio, su ciudad natal. Se sentó en su habitual banca y rezó por un buen día. Era un tipo de pocos amigos, pero querido entre la gente por su notable capacidad para describir los sentimientos, siempre le compraban con mucho agrado sus poemas y lo motivaban para seguir escribiendo. Tocó unas viejas canciones en su guitarra y trataba de recordar a aquellos ojos desgarrados que expresaban tantos sentimientos pero ke no podía dibujar en su mente.

Multiplica la intriga que produce un ruido silencioso en una noche de desvelo, mézclala con la ansiedad de un empedernido lector con veinte libros nuevos por leer. Se preguntaba ensimismado: "¿Cómo era esa mujer? no la recuerdo, aunque sí recuerdo lo que provocaba en mi. ¿Existirá de verdad en algún lugar? ¿Podría arrancarla de ese hermosos sueño?", una nueva pregunta nacia en su mente antes de terminar de decir la última, podrían haberse despegado las estrellas del cielo en ese momento y él no se hubiese percatado. Pasó el día sin existir de verdad, habló con nadie lo sucedido y apenas se ocultó el sol corrió a su pequeño hogar, cerró las cortinas y se dirigió a su habitación lo más rápido posible. Sólo queria dormir para siempre, su vida no volvería a ser igual si no descubre que es realmente lo que lo deja así, caminando sobre nuves vacías. Se tendió en su cama y deseó con toda el alma volver a tener aquel sueño y recordarlo.

Unos días después Renato ya armaba teorías del significado de su sueño, creía que algo había probocado aquella noche tan anómala. Estaba paseándose por el mundo de la locura sin notarlo y sin comentar palabra con nadie en absoluto. Ocurrió una noche, dormido en el suelo, con plumones y bosquejos debajo de su cabeza, ocurrió de nuevo. La sensación ahora era mayor, el orgasmo de la culminación de su sueño. Porfín pudo volver a soñar con su amada, porfín la pudo volver a ver.

Despertó asustado, esta vez había sido aún mas real e intenso, todabía podía verla, a aquella mujer, tenía una lágrima en la mejilla y recuerdos frescos en su cabeza, pero se iban difuminando, lentamente, se alejaban como un cometa ante sus ojos. Por más que estirase la mano para alcanzarlos, por más que apretase los párpados para encerrar los recuerdos dentro de él, nada impediría que estos se fuesen, sin decir adiós, hasta que ya no quedaba ninguno. Allí estaba como siempre, solo. Buscó consuelo en sus manos, que taparon sus ojos como si asi pudiese volverse a dormir, su pasión comenzaba a aumentar.

Trataba de recordar algo, cualquier detalle le serviría para comenzar a armar la escena que lo dejaba tan enamorado, con tantas ganas de abrazar y vivir. Durante horas intentó recordar con todas sus fuerzas, como si recordar fuese un deporte, rastreando cada milímetro de conciencia en busca de alguna pista, no se rendiría fácilmente, sentía que recordar a aquella difusa figura era su deber y tras cada segundo el deseo de conocimiento no hacía más que aumentar, eran fuerzas infinitas.

Largas fueron las sonrisas invertidas, , las vueltas sobre su espalda, hasta que al fin, tras luchar y luchar contra los fantasmas de su memoria, como una luz, llegó a su vida una melodía. Sonaba dentro de su mente, entre el silencio mortal. Eran sonetos absorventes, se sentia volar, como si él fuese una de las notas que sonaban, era inspiradora como la luna reflejada en el mar y suave como la silueta de una flor. Cada pensamiento en su mente se silenció para no interrumpir aquella melodía, cada acorde le explicaba una emoción, un sentimiento único, un recuerdo increíble en su cuerpo, sentía que su corazon iba a explotar. Aquella música traía aromas del pasado, sensaciones de abrazos, de besos, de alegría....

Al fin sonrió, sus ojos brillaron y volvió a dormirse con la melodía repitiéndose una y otra vez en sus músculos, quizás para no olvidar.

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